Henry Kissinger: la vida secreta del genio diplomático que marcó época

Henry Kissinger: la vida secreta del genio diplomático que marcó época
La muerte de Henry Kissinger

Henry Kissinger, el icónico ex Secretario de Estado estadounidense, nos ha dejado a los 100 años de edad. Falleció en su hogar de Connecticut, dejando un legado indiscutible en la política exterior de Estados Unidos. Durante las décadas del 70 y siguientes, Kissinger ejerció un poder sin igual, moldeando la conducción de los asuntos globales de su país. Sirvió con distinción durante las administraciones de Richard M. Nixon y Gerald Ford, dejando una huella imborrable en la diplomacia mundial.

La noticia de su fallecimiento fue anunciada por su firma de consultoría, resaltando su destacada carrera diplomática. Kissinger fue el arquitecto de la apertura de Estados Unidos a China, negoció la retirada del país de la Guerra de Vietnam y maniobró con astucia para definir las relaciones de Washington con la Unión Soviética durante la Guerra Fría, aunque a veces sacrificó principios democráticos. Su famosa frase «el poder es el mayor afrodisíaco» refleja las opiniones divididas sobre su figura, considerado por algunos como un genio diplomático y por otros como un genio del mal. Su amistad cercana con Agnelli muestra su interés en Italia, a pesar de tener el Partido Comunista más poderoso de Occidente.

Las palabras de destacados líderes políticos han expresado su pesar por la pérdida de Henry Kissinger. George W. Bush lo consideró una voz importante en política exterior, mientras que Giorgia Meloni lo elogió como un referente mundial. El canciller alemán Scholz destacó la influencia de Kissinger en la política exterior estadounidense, y Putin lo describió como un diplomático excepcional. Incluso China rindió homenaje a Kissinger, considerándolo un viejo amigo cuya contribución a las relaciones entre Pekín y Washington fue altamente apreciada.

Heinz Alfred Kissinger, nacido en Furth, Alemania, el 27 de mayo de 1923, emigró a Estados Unidos a los quince años antes de la Segunda Guerra Mundial. Adoptó el nombre de Henry y perfeccionó su inglés. Desde su paso por Harvard hasta su trabajo en Washington, colaborando con Nelson Rockefeller, sirvió a dos presidentes: Richard Nixon y, tras el escándalo de Watergate, Gerald Ford. Kissinger lideró negociaciones clave. Fue central en la distensión inicial con la URSS y el acercamiento histórico con China, destacando el famoso viaje de Nixon a Pekín. Los Acuerdos de París para el cese del fuego en Vietnam, tras una guerra con casi 60,000 muertes estadounidenses, le otorgaron un polémico Premio Nobel de la Paz, aunque dos jurados renunciaron en protesta.

Aunque fue una figura destacada y ejerció como presidente en las sombras, la oficina oval siempre fue un sueño inalcanzable para Kissinger debido a su origen extranjero. La derrota de Ford y la elección de Jimmy Carter marcaron el fin de su carrera en la política pública, pero no de su compromiso en política exterior a través de grupos como la Trilateral. Tras dejar el gobierno en 1977, fundó la famosa firma de consultoría Kissinger Associates, donde ministros y subsecretarios pasaron por sus puertas y gobiernos de todo el mundo se convirtieron en clientes de sus servicios de asesoramiento.